08-05-1753 — 30-07-1811 (58 años)
Hacienda de San Diego de Corralejo, Pénjamo, Guanajuato, Nueva España, Chihuahua, Nueva España, actual México
«Su llamado a la libertad marcó el comienzo de una transformación histórica que cambió el destino de México»

Miguel Hidalgo y Costilla nació el 8 de mayo de 1753 en la hacienda de San Diego de Corralejo, cerca de Pénjamo, en la región de Guanajuato, entonces parte del virreinato de la Nueva España. Desde joven mostró aptitudes para el estudio y recibió una formación que abarcó filosofía, teología, literatura y lenguas. Continuó su educación en el Colegio de San Nicolás, en Valladolid, hoy Morelia, institución en la que posteriormente ejerció como profesor y rector. En 1778 fue ordenado sacerdote y dedicó buena parte de su vida a la enseñanza y al servicio religioso. Su preparación intelectual le permitió familiarizarse con distintas corrientes del pensamiento europeo y con las circunstancias sociales de su tiempo. Además del español y el latín, adquirió conocimientos de lenguas indígenas, entre ellas el otomí, el náhuatl y el purépecha. Su trayectoria académica contribuyó a formar una personalidad que combinaba el conocimiento religioso con una amplia curiosidad intelectual. En 1803, Hidalgo asumió la parroquia de Dolores, en Guanajuato, donde entró en contacto directo con las dificultades económicas de la población local, en particular de las comunidades indígenas. Además de sus responsabilidades religiosas, promovió actividades productivas como el cultivo de la vid, la apicultura y la elaboración de cerámica y ladrillos. Estas iniciativas buscaban ampliar los conocimientos prácticos de los habitantes y favorecer sus medios de subsistencia. Durante aquellos años, la sociedad novohispana estaba marcada por profundas desigualdades sociales y por tensiones políticas relacionadas con el gobierno colonial. Hidalgo comenzó a participar en reuniones y círculos de conspiración que discutían el futuro político de la Nueva España. En ese contexto, estableció vínculos con otros participantes del movimiento insurgente, entre ellos Ignacio Allende y Juan Aldama. Su experiencia como sacerdote y educador lo situó en una posición desde la cual pudo dirigirse a sectores diversos de la población.
En la madrugada del 16 de septiembre de 1810, tras descubrirse la conspiración en la que participaba, Miguel Hidalgo convocó a la población de Dolores a levantarse contra las autoridades virreinales. Este acontecimiento, conocido como el Grito de Dolores, marcó el inicio de la guerra por la Independencia de México. Hidalgo encabezó un movimiento popular que reunió a miles de personas y avanzó por distintas localidades del centro del territorio novohispano. Durante los primeros meses de la insurrección, las fuerzas insurgentes obtuvieron importantes victorias, aunque también se produjeron episodios de violencia y graves pérdidas humanas. El 6 de diciembre de 1810, desde Guadalajara, Hidalgo promulgó un decreto que ordenaba la abolición de la esclavitud y otras medidas contra determinadas cargas impuestas a la población. Las fuerzas insurgentes fueron derrotadas en 1811 y, tras intentar continuar su movimiento hacia el norte, Hidalgo fue capturado en marzo de ese año. Después de ser sometido a procesos judiciales civiles y eclesiásticos, fue ejecutado por fusilamiento el 30 de julio de 1811 en Chihuahua. La muerte de Miguel Hidalgo no puso fin a la lucha por la Independencia, que continuó bajo el liderazgo de otros insurgentes y culminó con la consumación de la independencia mexicana en 1821. En 1823, sus restos fueron trasladados a la Ciudad de México junto con los de otros protagonistas del movimiento insurgente, y en 1925 quedaron depositados en la Columna de la Independencia. Con el paso del tiempo, Hidalgo fue reconocido oficialmente como el Padre de la Patria y se convirtió en una figura central de la memoria histórica nacional. Su nombre está presente en monumentos, instituciones, localidades y espacios públicos de todo el país. Cada 16 de septiembre, México conmemora el inicio de la lucha independentista mediante ceremonias cívicas y el tradicional Grito de Independencia. Su legado histórico está relacionado con el comienzo de un proceso que transformó el orden político de la Nueva España y abrió el camino hacia la formación de una nación independiente. Recordar a Miguel Hidalgo significa reconocer su papel en ese proceso y estudiar con rigor las circunstancias, los ideales y las consecuencias de una etapa decisiva de la historia mexicana.